PARTE 2 / La dejaron plantada por estar divorciada, pero una niña desconocida se acercó y le hizo una pregunta imposible…

la mano de Valeria.

—Ven. Te vas a sentar conmigo.

Daniel empezó a decir algo.

Después pareció pensarlo mejor.

Caminaron juntos hacia la otra mesa.

—Abuela —anunció Sofía—, encontré una amiga.

La mujer de cabello canoso se levantó.

—Entonces hay que ponerle un plato.

No preguntó quién era.

No preguntó por qué estaba allí.

Simplemente movió su silla.

—Soy Teresa —dijo—. Y el cumpleañero es Roberto.

El hombre mayor levantó una mano.

Sofía había pegado sobre su camisa un círculo de cartulina que decía “66” escrito con plumón.

—Cualquier amiga