de Sofía es bienvenida —dijo Roberto—. Aunque debo advertirte que ella decide quién es su amigo sin consultar.
—Eso ya lo noté —respondió Valeria.
Todos rieron.
Y por primera vez desde que había recibido aquel mensaje, la presión en su pecho disminuyó.
La cena continuó.
Sofía explicó durante varios minutos por qué su abuelo era “muy viejo, pero todavía no tanto como un dinosaurio”.
Roberto protestó.
Teresa contó que Daniel había llorado durante una semana cuando perdió su primer diente porque estaba convencido de que ya no podría comer tortillas.