PARTE 2 / La dejaron plantada por estar divorciada, pero una niña desconocida se acercó y le hizo una pregunta imposible…

—Mamá.

—Tenías seis años.

—No necesitamos contar todo.

Valeria se rio tanto que tuvo que secarse los ojos.

Esta vez no eran lágrimas de tristeza.

Poco a poco descubrió quiénes eran.

Daniel trabajaba como arquitecto y criaba solo a Sofía.

Su esposa había muerto dos años antes.

Un aneurisma cerebral.

Repentino.

Sin aviso.

Cuando lo contó, Daniel mantuvo la voz baja para que Sofía, ocupada enseñándole el oso de peluche a su abuela, no escuchara.

—Tenía treinta y cuatro años —dijo—. Por la mañana estábamos hablando de lo que íbamos