también está solo.
Daniel se atragantó.
—Sofía.
—Es verdad.
—Come tu pastel.
—A veces te pones triste cuando crees que no estoy mirando.
Daniel se quedó sin palabras.
Sofía volvió hacia Valeria.
—Yo tampoco tengo mamá.
Valeria sintió una punzada en el pecho.
—Lo sé, cariño.
—Entonces…
La niña inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Puedes ser mi nueva mamá?
Nadie habló.
Teresa se llevó una mano a la boca.
Roberto miró hacia otro lado para ocultar una sonrisa nerviosa.
Daniel se puso rojo.
—Sofía, no.
Pero Valeria ya estaba llorando.
No