—Voy a recordar esta conversación el resto de mi vida.
Sofía continuó:
—Tú estás triste. Él a veces está triste. Pueden dejar de estar tristes juntos.
Valeria soltó una risa.
—Tu plan está bastante organizado.
—Sí.
—Pero tu papá y yo somos desconocidos.
Sofía tardó dos segundos en responder.
—Entonces primero dejen de ser desconocidos.
Valeria miró a Daniel.
Él también la estaba mirando.
No había romance todavía.
Ni promesas.
Solo dos personas heridas observándose después de escuchar la lógica imposible de una niña de cuatro años.
—Te pido disculpas —