evitar.
Valeria se puso el abrigo sobre los hombros y llamó al mesero con un gesto.
—Disculpe. Creo que mejor me voy.
El hombre la miró con una amabilidad que casi empeoró las cosas.
—Claro, señora. No se preocupe.
Valeria bajó la mirada.
No quería que nadie sintiera pena por ella.
Estaba buscando dinero dentro del bolso cuando una voz pequeña apareció a su lado.
—Señora, ¿por qué está triste?
Valeria se quedó inmóvil.
A su derecha había una niña de unos cuatro años.
Llevaba un vestido rojo sencillo, zapatos