cansada de ambos.
Y mientras los tres seguían acomodando cajas, Valeria comprendió algo que nadie había podido explicarle durante aquellos años difíciles.
Un hogar no siempre llega como uno lo imagina.
A veces empieza con alguien que decide no presentarse.
A veces aparece cuando uno está guardando el abrigo, intentando marcharse sin llorar.
Y, algunas veces, todo cambia porque una niña de cuatro años mira a dos adultos asustados, escucha todas sus razones para no volver a intentarlo y hace la pregunta que ninguno de ellos se habría atrevido a