no podías seguir viviendo con alguien que siempre necesitaba más atención de la que tú podías darle.
Bajé la mirada.
No recordaba haberlo dicho exactamente así.
Pero sí recordaba haber estado enfadado.
Y eso era suficiente.
—Al día siguiente fui a buscarte —continuó—. Tu secretaria me dijo que habías viajado a Chicago. Te envié mensajes. Te llamé. Dejé una nota en tu despacho.
—Nunca recibí nada.
Savannah abrió un cajón y sacó una carpeta.
Dentro había copias de correos electrónicos, mensajes impresos y una carta con mi nombre.
Reconocí mi