permaneció callada durante mucho tiempo.
Entonces dijo:
«Mamá, dile al abuelo que nosotras también lo queremos. Pero, por favor, dile que nunca vuelva a jugar a ese juego con nosotras».
Unos días después, mi madre me llamó.
Estaba llorando.
«Sarah, toda mi vida creí que mis padres me enseñaban lo que era el amor mediante aquella tradición. Pero ahora entiendo que quizá yo también necesitaba ayuda cuando era una niña».
Le respondí suavemente:
«Mamá, no puedes cambiar el pasado. Pero sí puedes asegurarte de que nunca vuelva a repetirse».
Mi