parecer un triunfo romántico y empezó a parecer una estafa.
Adrián quiso sujetar a Elena del codo, pero Gabriel avanzó medio paso.
—No vuelvas a tocarla sin permiso.
Adrián retiró la mano.
—Quiero saberlo todo —dijo Elena.
Gabriel asintió y la condujo a una biblioteca lateral. Allí esperaban una notaria, una abogada mercantil, la directora financiera de la Fundación Vega y un hombre mayor al que Elena reconoció al instante.
Julián Ferrer.
Hacía 15 años que no lo veía.
Cuando Elena tenía 26 años trabajaba como analista jurídica en una