piso heredado de su madre. Adrián solo figuraba como autorizado para determinados gastos.
Elena lo recordó perfectamente. Con los años, él había convertido “nuestra casa” en “mi casa” cada vez que discutían, y ella nunca lo corrigió porque le parecía mezquino.
Había pagado un precio demasiado alto por evitar discusiones pequeñas.
—Hay algo más —dijo la abogada.
Sobre la mesa aparecieron transferencias. Durante 18 meses, Adrián había cargado a cuentas vinculadas al inmueble cenas, chóferes, viajes y 2 facturas de una joyería.
Clara apareció en la puerta.
—Una de esas