facturas es mía.
Adrián estaba detrás.
—No tienes que explicarle nada.
Clara se volvió hacia él.
—Sí, si compraste mi pulsera con dinero suyo.
—No era suyo.
La notaria levantó la vista.
—Legalmente, sí.
Adrián entró y cerró la puerta.
—¡Basta! ¿Vais a convertir una crisis matrimonial en un juicio?
Elena no elevó la voz.
—Tú convertiste nuestro matrimonio en una liquidación a las 19:08. Dijiste que Clara ocuparía mi lugar y que debía abandonar mi casa antes de las 6:00.
—Estaba enfadado.
—No. Estabas seguro. Tan seguro