de que dependía de ti que ni siquiera comprobaste a nombre de quién estaba el ático.
Clara se quitó la pulsera y la dejó sobre la mesa.
—No vuelvas a llamarme.
Adrián la miró, desconcertado.
Elena no sintió satisfacción. Solo cansancio.
Gabriel consultó la hora.
—El discurso principal empieza en 6 minutos. Elena, tú decides qué ocurre ahora.
Eso fue lo más importante de la noche: nadie decidió por ella.
—¿Qué pasa si rechazo el puesto? —preguntó.
—Nada. Seguirá siendo tuyo.
—¿Y si lo acepto?
—Tendrás voz y voto sobre