Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

de que dependía de ti que ni siquiera comprobaste a nombre de quién estaba el ático.

Clara se quitó la pulsera y la dejó sobre la mesa.

—No vuelvas a llamarme.

Adrián la miró, desconcertado.

Elena no sintió satisfacción. Solo cansancio.

Gabriel consultó la hora.

—El discurso principal empieza en 6 minutos. Elena, tú decides qué ocurre ahora.

Eso fue lo más importante de la noche: nadie decidió por ella.

—¿Qué pasa si rechazo el puesto? —preguntó.

—Nada. Seguirá siendo tuyo.

—¿Y si lo acepto?

—Tendrás voz y voto sobre