Adrián apartó la vista.
—Siempre fuiste así.
—Siempre fui así antes de acostumbrarme a desaparecer.
A las 00:37, Elena salió del palacete. Gabriel la acompañó hasta el coche.
—¿Aceptas el puesto?
—Sí.
—Entonces mañana empezamos.
Elena dejó escapar una risa cansada.
—Mañana duermo.
El coche cruzó Cibeles y siguió hacia Serrano. A las 1:06 Elena abrió la puerta del ático.
Adrián aún no había vuelto.
Dejó sobre la cómoda el sobre negro, la invitación y las llaves. No como despedida. Por primera vez, aquellas llaves no eran las