Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

es entre vosotros.

Adrián tragó saliva.

—Nunca quise perderte así.

—Querías perderme exactamente así: rápido, en silencio y antes del amanecer. Lo que no querías era descubrir que podía salir de tu vida sin quedarme vacía.

—¿Vas a echarme del ático?

—Mañana a las 10:00 irá mi abogada. Tendrás 30 días para retirar tus cosas.

—¿Y el consorcio?

—Lo decidirá el consejo.

—Tú podrías salvarme.

Elena sostuvo su mirada.

—Mi voto no existe para salvarte ni para hundirte. Existe para proteger un proyecto que afecta a miles de personas.