Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

nunca revisaba. Dentro había un sobre negro recibido 3 días antes.

En el frente, escrito a mano, aparecía su nombre: Elena Valdés.

No señora Montalvo.

No esposa de Adrián.

Elena Valdés.

Sacó la invitación a la Gala Áurea y leyó de nuevo la nota escrita debajo:

“Esta noche dejarás de permitir que otros cuenten tu historia”.

La firma era de Gabriel de la Vega.

El único hombre al que Adrián llevaba 15 años evitando deberle un favor.

Gabriel no era político ni banquero. Era peor para quienes dependían de ambos: