Mi novio dijo que mi muñeca era tó-xi-ca para su coche… pero durante años protegió la que le regaló otra mujer

casamos, no tuvimos una ceremonia grande.

Mi madre lloró.

Demasiado.

Antes de entrar me dijo:

—¿Estás segura?

Me eché a reír.

—¿Ahora preguntas?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque aprendí.

La abracé.

—Estoy segura.

Tomás me esperaba.

No era más rico que Daniel.

No era más guapo.

No dirigía una compañía enorme.

Y ninguna de esas comparaciones importaba.

Lo elegí porque, cuando estaba con él, no tenía que calcular cuánto podía pedir antes de parecer demasiado exigente.

Después de casarnos compramos otro coche.

Al entregárnoslo, Tomás preguntó:

—¿Qué va delante?

—Nada.

—¿Nada?