Mi novio dijo que mi muñeca era tó-xi-ca para su coche… pero durante años protegió la que le regaló otra mujer

de entregarlo saqué la Twinkle Twinkle.

Ya estaba algo decolorada.

Mi madre preguntó:

—¿La vas a tirar?

—No.

La llevé a casa.

La puse en una estantería.

Tomás vio el juguete.

—¿La famosa muñeca?

—La famosa.

—Pensé que la odiabas.

—Nunca la odié.

—Entonces ¿por qué la guardas?

La miré.

—Porque me recuerda algo.

—¿A Daniel?

Negué.

—A mí.

A la mujer que una vez pensó que necesitaba permiso para dejar algo suyo en el coche de su pareja.

A la mujer que pagó demasiado por una muñeca esperando convertirla