sí existía.
—¿Y después?
—Pasé a verla.
—¿A qué hora?
Se quedó callado.
—La foto era del mediodía.
Nada.
—Mi madre salió a las once.
El silencio respondió por él.
Durante el primer año de nuestra relación yo habría llorado en ese punto.
Le habría preguntado si todavía amaba a Natalia.
Le habría exigido que la bloqueara.
Quizá habría tomado la StellaLou y la habría tirado a la basura.
Pero yo ya estaba demasiado cansada para competir con alguien que ni siquiera estaba presente.
—¿La muñeca es de ella? —pregunté.