Daniel no respondió inmediatamente.
—Sí.
Solo una palabra.
No me dolió tanto como esperaba.
—¿Cuándo te la dio?
—Hace años.
—¿Cuando eran pareja?
—Sí.
Asentí.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque no importaba.
Miré hacia la ventana.
—Eso es curioso.
—¿Qué?
—Si no importaba, podrías haberlo dicho el primer día.
No respondió.
—Pero cada vez que preguntaba, te quedabas callado.
—No quería abrir discusiones inútiles.
—Entonces sí importaba.
—No como estás pensando.
—Deja de decidir lo que pienso.
Se pasó una mano por el pelo.
—Natalia fue importante.
—Nunca