suerte increíble.
Era atractivo.
Educado.
Su empresa crecía cada año.
Y, según mi madre:
—Un hombre así no aparece dos veces. Tienes que aprender a comprenderlo.
Ese era precisamente el problema.
Todos comprendían a Daniel.
Nadie me preguntaba si yo también necesitaba ser comprendida.
Mi madre estaba ingresada por una fisura ósea después de caer por unas escaleras.
La trasladé al mejor hospital traumatológico de la ciudad porque allí podían atenderla mejor.
Además, quedaba cerca de donde vivíamos Daniel y yo.
Durante quince días, Daniel no fue a verla ni