Bajó la mirada.
—Ya lo sé.
—Bien.
—Lo entendí demasiado tarde.
No respondí.
Medio año después recibí una invitación.
La empresa de Daniel celebraba su décimo aniversario.
Yo había ayudado en algunos proyectos de imagen durante nuestros primeros años.
Mi nombre aparecía en una lista de antiguos colaboradores.
No pensaba ir.
Mi madre insistió.
—Ve.
—¿Para qué?
—Porque te apetece vestirte bien.
—Eso no es razón.
—A mi edad sí.
Terminé yendo.
No por Daniel.
Porque varios amigos estarían allí.
Llegué con mi propio coche.
La Twinkle Twinkle seguía en