Mi novio dijo que mi muñeca era tó-xi-ca para su coche… pero durante años protegió la que le regaló otra mujer

había mejorado la tecnología.

El especialista me dijo:

—Podemos ayudarte bastante en ambientes ruidosos.

Salí casi llorando.

Durante años había pensado en mi oído como algo que debía ocultar o minimizar.

Ahora simplemente era una parte médica de mí.

No un defecto moral.

No una desventaja romántica.

No una razón para agradecer que alguien “bueno” me quisiera.

Dos años después conocí a Tomás.

No en una cita a ciegas.

En una conferencia de diseño.

Se sentó a mi izquierda.

Durante la primera conversación le dije:

—Escucho peor de este lado.