Después un día encontré un pequeño objeto.
Un conejo rosa.
No StellaLou.
Otra cosa.
Había una nota:
“Solo si quieres.”
Lo miré.
Tomás estaba en la cocina.
—¿Esto es una prueba?
—No.
—¿Y si digo que no?
—Lo guardamos.
—¿Y si digo sí?
—Lo ponemos.
—¿Y si quiero poner tres?
—Entonces parecerá una guardería.
Me reí.
Pusimos uno.
Meses después añadimos el dinosaurio verde.
No combinaban.
Eran horribles.
Los adoraba.
Mucho tiempo después, una amiga me preguntó:
—¿De verdad terminaste una relación de tres años por una muñeca?
La pregunta