demasiado formaldehído. No es saludable.
Entonces levanté los ojos.
Vi la StellaLou de otra mujer.
Vieja.
Protegida.
Intocable.
Y respondí:
—Está bien. Entonces no la pondré.
Solo eso.
No discutí.
No lloré.
No pregunté.
Pero algo dentro de mí dijo:
Tú tampoco vas a tener que seguir intentando entrar.
Porque al final no se trataba de conseguir espacio en su coche.
Se trataba de que durante años yo había estado intentando conseguir espacio en una vida que siempre parecía tener un lugar reservado para todo excepto para mí.
Trabajo.
Pasado.