VOLVÍ DEL MERCADO Y ENCONTRÉ MI CASA CONVERTIDA EN HOTELKARA

ventanas también estaban abiertas.
Yo acababa de volver del mercado con dos bolsas en las manos y casi cuarenta grados afuera.
—¡Por fin llegaste! —gritó mi suegra, Ofelia, desde el comedor—. Compraste muy poquito.
La miré.
—¿Poquito para qué?
Señaló alrededor como si fuera evidente.
—Para todos. Vinieron mis hermanos, mis primas y unos sobrinos a pasar unos días porque en el rancho hace un calor insoportable.
“Unos días”.
Esa expresión me puso nerviosa.
Mi esposo, Sergio, no estaba.
El viernes anterior me había llamado mientras yo seguía en la