oficina.
—Mi mamá viene con unos familiares.
—¿Cuántos?
—No sé. Unos cuantos.
Habían llegado catorce.
Y nadie me preguntó.
Nuestra casa todavía tenía hipoteca. La mayor parte del enganche había salido de mis ahorros y del dinero que mis papás me prestaron. Los muebles, electrodomésticos y remodelación también los había pagado yo casi por completo.
Aun así, en menos de una tarde mi suegra había repartido todo.
Ella ocupó nuestra recámara porque “los mayores no podían dormir en el piso”. Otra familia tomó el cuarto de visitas. Los niños estaban
VOLVÍ DEL MERCADO Y ENCONTRÉ MI CASA CONVERTIDA EN HOTELKARA