VOLVÍ DEL MERCADO Y ENCONTRÉ MI CASA CONVERTIDA EN HOTELKARA

pedirte perdón. Debí preguntarte directamente antes de mandar tus documentos a un asesor. —Sí —respondí—. Debiste hacerlo. No fingimos que no había pasado nada, pero tampoco necesitábamos convertirlo en una guerra eterna.
Con Ofelia fue más difícil. Tres meses después apareció en nuestra puerta. Tocó el timbre porque ya no podía entrar sola. Creo que aquel pequeño gesto significó más que cualquier discurso. Traía un recipiente con comida y permaneció afuera hasta que Sergio abrió. —¿Puedo pasar? —preguntó.
La dejamos entrar.
No pidió perdón perfectamente. Ofelia no era una mujer