acostumbrada a hacerlo. Pero admitió que había confundido ser madre con conservar autoridad sobre la vida adulta de sus hijos. —Pensé que si ustedes tenían espacio y Lorena necesitaba ayuda, yo podía acomodar las cosas. —Ese fue exactamente el problema —le dije—. Nos acomodaste a todos como si fuéramos muebles.
Desde entonces las reglas quedaron sencillas: nadie recibe llaves permanentes, nadie ofrece habitaciones que no son suyas y cualquier visita que implique dormir en nuestra casa necesita dos síes. Si uno dice no, es no.
Meses después organizamos una comida
VOLVÍ DEL MERCADO Y ENCONTRÉ MI CASA CONVERTIDA EN HOTELKARA