VOLVÍ DEL MERCADO Y ENCONTRÉ MI CASA CONVERTIDA EN HOTELKARA

la mañana siguiente me despertaron golpes, gritos y una licuadora funcionando en la cocina.
Salí.
Un primo de Sergio usaba su rastrillo para afeitarse las piernas.
Dos niños habían vaciado una caja de cereal sobre la mesa.
Y mi suegra ya tenía preparado un listado.
—Compra quince desayunos. A mi hermana sin azúcar. Tu tío quiere menudo. Los niños quieren chocolate. Ah, y trae hielo porque se terminó.
La miré.
—¿Cuánto tiempo piensan quedarse?
Ofelia evitó responder.
—¿Por qué empiezas con eso desde temprano?
—Porque necesito saberlo.
Entonces apareció una