VOLVÍ DEL MERCADO Y ENCONTRÉ MI CASA CONVERTIDA EN HOTELKARA

tía desde nuestra recámara.
—Tu suegra nos dijo que podíamos quedarnos hasta que terminara el calor.
Sentí un vacío en el estómago.
—¿Hasta cuándo sería eso?
La mujer se encogió de hombros.
—Quizá septiembre.
Estábamos a principios de julio.
Tomé las llaves.
Ofelia sonrió satisfecha.
—Eso, ve rápido antes de que se llenen los puestos.
Salí sin discutir.
Pero no fui a comprar desayuno.
Bajé al estacionamiento, me senté dentro del coche y llamé primero a Sergio.
Después hice una segunda llamada.
Cuando colgué, regresé al departamento con una sola