VOLVÍ DEL MERCADO Y ENCONTRÉ MI CASA CONVERTIDA EN HOTELKARA

Aquello me sorprendió. Sergio había sido irresponsable al no explicarme bien, pero ni siquiera él conocía el plan completo.
El administrador pidió identificaciones para registrar a quienes pasarían esa noche. Ofelia se negó. —Nadie tiene que registrarnos. Esta casa es de mi hijo. —No —dije—. La escritura está a mi nombre y al de Sergio, y ninguno autorizó una estancia de dos meses. Mi suegra me miró como si acabara de insultarla. Entonces hizo algo que terminó de mostrarme hasta dónde pensaba llegar. Sacó de su bolsa un manojo de