parecía pequeño terminó reuniendo a una familia separada durante décadas.
Mariana nunca volvió a dormir en la calle.
Terminó sus estudios, consiguió un empleo estable y años después abrió un pequeño negocio propio.
Pero cada diciembre llevaba una caja de zapatos nuevos a la parroquia donde todo había comenzado.
Y siempre repetía la misma frase:
—Una noche alguien decidió verme como una persona. Ahora quiero hacer lo mismo por alguien más.
Sofía creció escuchando aquella historia.
Y cuando cumplió dieciocho años, le entregó a Mariana una fotografía de aquella primera