también los necesitaba antes.
Sofía apareció en la puerta.
—¿Por qué están llorando?
Mariana se agachó.
—Porque descubrimos algo.
—¿Qué?
—Que somos familia.
Sofía abrió los ojos.
—¿De verdad?
Ricardo sonrió entre lágrimas.
—De verdad.
Sofía abrazó a Mariana con todas sus fuerzas.
—Entonces ahora tienes que venir todos los domingos.
Mariana rió mientras lloraba.
—Trato hecho.
Años después, aquella Nochebuena seguiría siendo recordada por todos.
No porque una niña hubiera visto a una joven sin zapatos.
Sino porque Sofía se negó a mirar hacia otro lado.
El abrazo que