neutral.
No quería provocarlo.
Pero tampoco quería que interpretara mi silencio como una invitación.
Entonces levantó la otra mano.
Sus dedos tocaron un mechón de cabello que se había soltado durante mi jornada.
Lo colocó detrás de mi oreja.
Mi cuerpo se tensó.
Durante un segundo me quedé completamente inmóvil.
No entendía por qué estaba haciendo aquello.
No se lo había pedido.
No había mostrado interés en que se acercara.
Ni siquiera habíamos mantenido una conversación normal antes de quedar atrapados.
Y, sin embargo, actuaba como si tuviera derecho a