tocarme.
Sus dedos descendieron lentamente hacia mi mandíbula.
Fue entonces cuando reaccioné.
Le aparté la mano de un golpe.
—Aléjese. Tener poder no le da permiso para tocarme.
Las palabras salieron más firmes de lo que esperaba.
El silencio posterior fue insoportable.
Vincent no se movió.
Me observó fijamente.
Tuve la impresión de que estaba intentando decidir si acababa de escucharlo correctamente.
Yo había apartado su mano.
Había rechazado su contacto.
Y lo había hecho mirándolo directamente a la cara.
Sentí miedo.
Muchísimo.
Sabía que aquel hombre podía complicarme la