cualquier cosa se volvían extraordinariamente cuidadosas con sus palabras.
Los empleados evitaban hacerlo esperar.
Y nadie parecía interesado en llamarle la atención por nada.
Yo había aprendido a mantener la cabeza baja y continuar trabajando.
Era más seguro ser una presencia invisible.
Vincent llevaba un traje oscuro que parecía hecho a medida.
No había una sola arruga en su chaqueta.
Su cabello estaba perfectamente arreglado y su expresión transmitía una seguridad que me resultaba intimidante.
No me miró al entrar.
Simplemente pulsó el botón de la planta baja.
Me aparté