Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después

tarjeta y los bolsos para entregárselos.

Pero al abrir la puerta se encontró con un silencio extraño.

La sala estaba casi vacía.

Faltaban los cuadros.

Faltaban las plantas.

Faltaba la computadora de Valeria.

Incluso había desaparecido la cafetera.

—¿Qué hizo esa loca? —murmuró Rebeca.

Alejandro caminó hasta la mesa.

Entonces vio el anillo.

Su sonrisa desapareció.

Junto al anillo estaba el informe médico con fotografías de la quemadura y un número de denuncia.

Pero fue la carpeta negra lo que hizo que se quedara inmóvil.

En la portada había una