Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después

pero Alejandro sabía perfectamente que ella nunca lo había firmado.

Él había calcado su rúbrica seis meses antes para conseguir un préstamo de un millón ochocientos mil pesos.

El dinero había sido utilizado para pagar deudas de Rebeca y para invertir en un supuesto negocio inmobiliario que había fracasado.

La última página contenía una sola frase escrita a mano por Valeria.

“Creíste que no veía nada. Lo vi todo.”

Alejandro dejó caer la carpeta.

—Nos va a meter a la cárcel.

Rebeca retrocedió.

—No digas tonterías. Eres su esposo. Lo