Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después

préstamo porque te iban a embargar —susurró.

—Y lo necesitaba.

—Dijiste que ibas a devolverlo.

Rebeca levantó los hombros.

—No fue posible.

—Vendiste el departamento que compraste con ese dinero.

—Era mío.

Alejandro apretó los puños.

—¿Dónde está el dinero de la venta?

Rebeca no respondió.

Su silencio fue suficiente.

Alejandro tomó su teléfono y llamó a Valeria.

La llamada se fue directamente al buzón.

Volvió a marcar.

Bloqueado.

Intentó desde el teléfono de Rebeca.

Esta vez Valeria respondió.

—¿Bueno?

Alejandro respiró con fuerza.

—¿Dónde estás?

—Eso ya no es