Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después

asunto tuyo.

—Tenemos que hablar.

—No.

—Valeria, lo de esta mañana fue un error.

Ella guardó silencio durante unos segundos.

—Un error es derramar el café al mover la mano. Tú levantaste la taza, me miraste y la lanzaste.

—Estaba enojado.

—Eso no cambia nada.

—Podemos arreglarlo.

—Ya lo estoy arreglando.

Alejandro miró la carpeta abierta sobre la mesa.

—¿De dónde sacaste esos documentos?

—De mi propia computadora. De mis cuentas. De las cámaras del departamento. De los respaldos automáticos que olvidaste borrar.

La sangre abandonó el rostro de Alejandro.

—¿