Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después

departamento es mío. La empresa es mía. Las cuentas bloqueadas son mías. Tú no tienes nada a tu nombre porque siempre viviste de mí.

Alejandro miró alrededor de la sala vacía.

Solo quedaban el sofá que él había elegido y la televisión que Rebeca quería llevarse.

—No puedes echarme de mi casa.

—Esa nunca fue tu casa.

La llamada terminó.

Alejandro lanzó el teléfono contra la pared.

La pantalla se hizo pedazos.

—¡Todo esto es por tu culpa! —gritó mirando a Rebeca.

Ella frunció el ceño.

—¿Por mi culpa? Tú