cómplice activa que recibía directamente fondos sustraídos para financiar su falsa posición social, y Lucas le pagaba para comprar su silencio.
Tomé el teléfono que estaba sobre mi escritorio.
—¿Ha escuchado todo esto, detective?
La voz del oficial se escuchó con claridad a través del altavoz, confirmando que había grabado toda la confesión y pidiéndome que llevara a la comisaría, a la mañana siguiente, toda la documentación financiera que respaldara lo dicho.
Lucas se puso pálido como un fantasma.
—¿Has estado hablando con la policía todo este tiempo?
—Entraste en