Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

por mis padres.

—¿Puedes venir mañana?

—Puedo organizar una consulta con ellos cuanto antes. Mientras tanto, guarda copias de los documentos y evita que se manipulen o desaparezcan.

Colgué.

Sergio había escuchado suficiente para entender que ya no podía manejar la situación como si nadie fuera a cuestionarlo.

—¿De verdad vas a traer abogados a nuestra casa? —preguntó.

—Es la casa de papá y mamá. Ellos decidirán quién los asesora.

—¡Yo soy su hijo!

—Yo también.

—¡Pero tú ni siquiera eres de su sangre!

El silencio fue absoluto.

Pilar dejó