por mis padres.
—¿Puedes venir mañana?
—Puedo organizar una consulta con ellos cuanto antes. Mientras tanto, guarda copias de los documentos y evita que se manipulen o desaparezcan.
Colgué.
Sergio había escuchado suficiente para entender que ya no podía manejar la situación como si nadie fuera a cuestionarlo.
—¿De verdad vas a traer abogados a nuestra casa? —preguntó.
—Es la casa de papá y mamá. Ellos decidirán quién los asesora.
—¡Yo soy su hijo!
—Yo también.
—¡Pero tú ni siquiera eres de su sangre!
El silencio fue absoluto.
Pilar dejó