mi padre habló.
—¡Basta, Sergio!
Su voz, debilitada por la edad, resonó con una fuerza que ninguno esperábamos.
—Álvaro es nuestro hijo. Lo adoptamos porque lo quisimos. Lo criamos porque era nuestro hijo. Y lo sigue siendo porque así lo sentimos. No vuelvas a utilizar su adopción para humillarlo.
Sergio bajó la mirada.
Joaquín continuó:
—Si hemos cometido errores contigo, los hablaremos. Pero no voy a permitir que conviertas a tu hermano en un extraño dentro de esta casa.
Pilar comenzó a llorar en silencio.
Yo me acerqué a ella