Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

entre personas que se querían y que, por fin, habían empezado a comprender que el cariño no eliminaba la responsabilidad.

Cuando Sergio se marchó, mi madre permaneció un rato junto a la puerta.

—¿Crees que cambiará? —me preguntó.

—No lo sé, mamá.

—¿Y si vuelve a equivocarse?

—Entonces tendréis que decidir qué límites necesitáis. No tenéis que renunciar a ellos para demostrar que lo queréis.

Pilar asintió despacio.

Aquella tarde comprendí que la reconciliación no significaba regresar a la situación anterior.

Significaba construir algo nuevo, con los ojos abiertos.

Epílogo.