significaban. No tengo excusa.
Pilar empezó a llorar.Sergio se inclinó hacia ella.
—Lo siento, mamá.
Ella le tomó la mano, pero no le dijo que todo estaba olvidado.
—Te quiero, Sergio. Pero necesito tiempo para volver a confiar en ti.
Él asintió.
—Lo entiendo.
Joaquín habló entonces.
—Perdonarte es algo que podemos intentar. Volver a darte acceso a nuestros documentos, nuestro dinero o nuestra casa es otra cosa. Eso tendrás que ganártelo con hechos.
Sergio aceptó la respuesta.
No hubo abrazos dramáticos ni promesas imposibles.
Solo una conversación difícil