Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

sus cuentas ni intervenía en sus decisiones patrimoniales. Si necesitaba algo, tenía que pedirlo y aceptar la respuesta.

No todo se había reparado por completo.

Había conversaciones que todavía resultaban incómodas y recuerdos que tardarían en perder su amargura.

Pero mis padres ya no vivían con miedo a que alguien decidiera por ellos.

Aquel día, Pilar preparó una comida abundante. Sergio ayudó a poner la mesa y sus hijos llevaron el postre.

Cuando todos nos sentamos, Joaquín miró los platos y sonrió.

—Bueno, ¿quién quiere más comida?

—¡Yo! —respondió Sergio,