Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente lo que Sergio acababa de decir y su respuesta fue inmediata:

levantando la mano.

Mi padre soltó una carcajada.

—Pues levántate y sírvete. Ya eres bastante mayor para hacerlo solo.

Todos nos reímos.

Después Joaquín se volvió hacia mí.

—Álvaro, ¿te acuerdas de lo que te dijo tu madre cuando llegaste a esta casa?

Asentí.

—Que nadie tenía que ganarse el derecho a sentarse a nuestra mesa.

Él sonrió.

—Exactamente.

Miré a mi alrededor.

A mi madre, que ya no tenía que levantarse cada vez que Sergio pedía algo. A mi padre, que podía disfrutar de su patio sin tener que