Mi hija me llamó desde la universidad llorando: ‘Mamá, necesito unakara cirugía de corazón urgente’. Conduje 4 horas pensando que podía perderla. Pero cuando llegué, tenía toda la cara vendada y una cuenta de 420,000 pesos esperándome. El médico me recibió sonriendo: ‘Qué valiente fue su familia al aceptar esto’. Yo dejé de sacar la tarjeta.

Bajó la mirada.

“Porque sabía que tú me dirías que no.”

“Te habría preguntado por qué querías hacerlo.”

“Es lo mismo.”

“No. No lo es.”

Durante varios minutos no hablamos.

Hasta que le pregunté:

“¿Qué pasó en la universidad?”

Sus hombros comenzaron a temblar.

Meses atrás, alguien había tomado una foto de Daniela riéndose durante una fiesta.

La fotografía circuló entre varios estudiantes.

Alguien editó su nariz y su barbilla para hacerlas más grandes.

Luego comenzaron los comentarios.

Imitaban su perfil cuando pasaba.

Se reían si alguien sacaba un teléfono